Los asentamientos rupestres del País de Luana

Hoy nos vamos a visitar un destino turístico que no es muy conocido a nivel nacional, pero quienes lo han visitado han llegado a etiquetarlo como la versión rumana del monte Athos griego.

Llamado así por un rey mítico, Luana, que antaño gobernó las montañas y valles de la zona, la región conocida como el País de Luana no tiene contornos claros en el mapa, pero se extiende sobre todo en el área de los pueblos de Bozioru, Nucu y Colti, Cozieni y Braesti, en los montes de Buzau.

En nuestro caso, nos hemos dirigido hasta Buzau, luego hemos tomado la carretera DN10 en dirección al norte y finalmente nos hemos desviado por la carretera 203L hasta llegar al pueblo de Nucu.

Una vez llegados al pueblo de Nucu tenemos que dejar el vehículo y seguir avanzando a pie. En concreto, nos quedan como 30 minutos para llegar a la meseta desde la cual arranca lo mejor de nuestra aventura de hoy.

Lo que se conocen como «asentamientos rupestres» son refugios excavados en la montaña de roca que han servido como morada o guarida de distintas personas a lo largo del tiempo.

Su historia está rodeada de misterios, pero se cree que la mayor parte han sido excavadas por una población oriunda de las tierras de Anatolia, seguramente los primeros cristianos que han llegado a esta zona de Rumanía.

Más tarde, monjes y ermitaños han vivido en estos asentamientos rupestres y los han convertido en lugares de culto, algunos de ellos con actividad hasta el siglo XIX.

Desde la meseta principal algunas señales nos informan que hay la posibilidad de recorrer 4 rutas o circuitos distintos. En función de cual elijas, podrás ver piedras con formas curiosas, cuevas, lagos, cruces, celdas o valles.

Las rutas no están organizadas en función de la dificultad, sino de los objetivos turísticos a visitar. Nosotros hemos realizado un tramo del circuito 4, que nos llevó hasta la cueva de Iosif, y podemos confirmar que el recorrido no es nada sencillo, es bastante exigente, y más aún si hay barro por el suelo. Por lo que hemos hablado con otros excursionistas y lo que hemos podido leer por internet, el resto de rutas no son más fáciles, incluso presentan un mayor nivel de complicación.

El punto álgido de nuestro recorrido fue la visita a la pequeña iglesia (bisericuță) de Iosif, a la que conseguimos llegar tras un esfuerzo final extra, ya que las últimas rampas de acceso son muy abruptas.

A su llegada un cartel nos informa de que se trata de la iglesia más imponente de las que se pueden visitar y que se conserva en la actualidad tal como se encontró, sin restauraciones adicionales, incluidos los escalones de acceso, tallados en la roca. Se ha datado su construcción en el siglo III-IV de nuestra era.

Compuesta de dos habitáculos, uno servía de dormitorio y contenía una ingeniosa chimenea para extraer el humo, mientras que el otro espacio estaba dedicado al rezo, con su altar y un sitio especial reservado para el icono.

En definitiva, un lugar con unos paisajes espectaculares y llenos de atracciones turísticas que merece bien la pena ver. Volveremos sin falta para recorrer los diferentes circuitos de este entorno y poder visitar todas las atracciones que el lugar posee.

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